El descubrimiento del Valle de las Parras
Los primeros exploradores quedaron maravillados al encontrar un paisaje inesperado: un valle fértil, alimentado por manantiales y cubierto de vides silvestres. Un oasis que revelaba su vocación sin necesidad de palabras, destinado a convertirse en algo más.
Inicio de la viticultura en el Continente Americano
Entre estos años, el valle comenzó a tomar un rumbo propio. Tras décadas de exploraciones y descripciones de su fertilidad, llegó el momento en que este territorio empezó a delinearse como un lugar destinado a la producción de la vid y del vino. Fue el periodo en el que se solicitaron, otorgaron y se tomaron posesión de las tierras que más tarde darían origen a la Hacienda de San Lorenzo, el hogar ancestral de los viñedos y bodega hoy conocida como Casa Madero.
La propiedad cambió de manos, pero nunca de vocación
Durante el siglo XVII, la Hacienda de San Lorenzo cambio de propietarios en varias ocasiones. Este era un proceso común en aquella época. Sin embargo, entre escrituras de este periodo, aparecen referencias clave: el vino y el aguardiente formaban parte de las transacciones, incluso de los compromisos que la propiedad debía entregar a la Iglesia Católica, lo que demuestra que la producción estaba activa y estable, reflejándose en acuerdos formales.
Prohibiciones, permanencia y un valle presente en la historia de México
Este periodo estuvo marcado por decisiones que transformaron el rumbo del vino en la Nueva España. Aun así, en la Hacienda de San Lorenzo la tradición no se extinguió: mientras otras regiones quedaron limitadas por la prohibición, aquí la vid mantuvo su presencia gracias a la maniobra legal de Juan Oliden dueño de la Hacienda de San Lorenzo quien Y, en medio de este escenario, el valle también quedó ligado a momentos clave de la historia nacional.
Don Evaristo Madero Elizondo, el visionario que transformó el destino del Valle de Parras
Durante este periodo, el Valle de Parras entra en una etapa decisiva marcada por la llegada y visión de Don Evaristo Madero Elizondo, patriarca de la familia Madero y abuelo de Francisco I. Madero. Su formación, relaciones internacionales y mentalidad empresarial impulsaron una transformación profunda que conectó al valle con las grandes corrientes tecnológicas y vitivinícolas del mundo. Aquí comienza la etapa que daría forma al legado que hoy representa Casa Madero.
El salto internacional y la consolidación de un proyecto vitivinícola
A finales del siglo XIX, los viñedos europeos enfrentaron la peor crisis de su historia: la filoxera, un insecto diminuto capaz de destruir por completo las raíces de la vid. Francia, España, Italia, y prácticamente toda Europa, vieron desplomarse sus cosechas; millones de cepas murieron y la tradición vitivinícola del Viejo Mundo estuvo al borde del colapso. Mientras gobiernos, científicos y productores buscaban desesperadamente una solución, la atención se dirigió hacia el Nuevo Mundo, cuyas vides nativas mostraban una resistencia natural a la plaga que devastaba a la viticultura europea. En ese escenario, el Valle de Parras —remoto, discreto y adaptado al rigor del desierto— despertó un interés particular. Sus vides nativas, vigorosas y resilientes, ofrecían algo excepcional: raíces capaces de soportar la plaga de la filoxera. Esta fortaleza natural convertiría al valle, silenciosamente, en una pieza clave para el rescate de la viticultura de Europa.
La modernización y la continuidad familiar de la Hacienda de San Lorenzo
Tras décadas de transiciones después de la Revolución, la antigua Hacienda de San Lorenzo entró en una etapa decisiva. La modernización del país, los cambios sociales y la reorganización de las empresas familiares dieron paso al nacimiento formal de Casa Madero como institución moderna. Poco después, la marca alcanzaría un lugar inesperado: el centro mismo de la cultura popular mexicana, proyectándose a nivel nacional a través de la música y la radio.
De la transformación a la consolidación internacional
La llegada de Don José Milmo Garza, bisnieto de Don Evaristo Madero Elizondo, a la dirección de Casa Madero marcó el inicio de una nueva etapa para la empresa. Apasionado del vino y con una visión técnica de largo plazo, impulsó los cambios necesarios para transformar a Casa Madero de una compañía centrada principalmente en la producción de brandy a una enfocada en la elaboración de vinos de alta calidad.
A partir de entonces, y bajo el liderazgo de la quinta generación de la familia Madero, la bodega continuó un proceso constante de modernización en viticultura, enología e imagen de marca. Este periodo consolidó la transición entre la tradición centenaria de Casa Madero y la innovación que hoy la posiciona como una de las bodegas más reconocidas de América Latina.
Actualmente, los vinos de Casa Madero tienen presencia en mercados nacionales e internacionales, incluyendo Estados Unidos, España, Francia, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Corea del Sur, llevando más de cuatro siglos de historia y tradición vinícola mexicana a consumidores de distintas partes del mundo.