Libro de las mercedes Casa Madero

Nuestra historia

Más de cuatro siglos de legado elaborando vinos que resguardan el valor del tiempo, la memoria y la tradición vitivinícola de nuestra casa.

El descubrimiento del Valle de las Parras

1560–1594

Los primeros exploradores quedaron maravillados al encontrar un paisaje inesperado: un valle fértil, alimentado por manantiales y cubierto de vides silvestres. Un oasis que revelaba su vocación sin necesidad de palabras, destinado a convertirse en algo más.

1568

Exploración de la zona.

El franciscano Pedro de Espinareda y el Capitán Francisco Cano, militar al servicio de las expediciones del norte, recorrieron la región de Patos y el entonces llamado Valle del Pirineo —más tarde conocido como el Valle de las Parras—. Según la tradición, ambos partieron desde Zacatecas hacia el norte, en busca de oro y plata. No encontraron metales preciosos, pero sí un verdadero oasis: un valle irrigado por manantiales abundantes y cubierto de vides silvestres y nogales, cuyo hallazgo marcaría el origen histórico del Valle de las Parras

1591

Los primeros indicios de una tradición.

Entre estos años, nuevas expediciones recorrieron el valle y dejaron constancia de lo que la tierra mostraba con claridad. El conquistador Francisco de Urdiñola, figura destacada de aquella región, transportaba vino hacia las minas de Mazapil, señal de que la bebida ya circulaba en el norte incluso antes de que existieran cultivos organizados en el Valle de las Parras. Los jesuitas Jerónimo Ramírez y Juan Agustín también recorrieron el valle y registraron su carácter: manantiales constantes, suelos fértiles y vides silvestres que prosperaban sin intervención humana. Estas observaciones tempranas mostraban que el valle contaba con condiciones naturales que ya apuntaban hacia un destino ligado a la vid.

1594

Descripción del Visitador de la Corona Española.

En este año, un visitador de la Corona Española recorrió el Valle de las Parras y dejó uno de los testimonios más valiosos de su tiempo. Otros viajeros ya habían observado la fertilidad del lugar, pero fue este visitador quien la describió con una claridad excepcional: “[…] Este valle es muy fértil y tiene abundante agua que baja de las faldas de una de las sierras más altas de la región. Con esa corriente se riega con generosidad y la tierra, por sí misma, produce muchas parras y uvas silvestres, de donde toma su nombre el Valle de las Parras […]”. Su descripción se convirtió en una referencia duradera, un reflejo temprano de la grandeza natural que seguiría definiendo al valle hasta nuestros días.

Inicio de la viticultura en el Continente Americano

1595–1602

Entre estos años, el valle comenzó a tomar un rumbo propio. Tras décadas de exploraciones y descripciones de su fertilidad, llegó el momento en que este territorio empezó a delinearse como un lugar destinado a la producción de la vid y del vino. Fue el periodo en el que se solicitaron, otorgaron y se tomaron posesión de las tierras que más tarde darían origen a la Hacienda de San Lorenzo, el hogar ancestral de los viñedos y bodega hoy conocida como Casa Madero.

1596

Don Lorenzo García se establece en el Valle delas Parras.

En este periodo, Don Lorenzo García — quien había llegado a la región con los primeros pobladores de las futuras ciudades de Monterrey y Saltillo — solicitó una merced de tierras ante las autoridades del virreinato. La merced era una dotación especial otorgada por la Corona Española, mediante la cual se
reconocía el derecho de establecerse en un territorio determinado y desarrollarlo conforme a las prácticas de la época. Con esta solicitud, Don Lorenzo García inició el proceso que, con el paso del tiempo, levantaría la futura Hacienda de San Lorenzo, cimiento del legado vitivinícola más antiguo del continente americano, hoy en día conocido como Casa Madero. 

1597

Fundación de la Hacienda de San Lorenzo.

Con fecha del 19 de agosto de 1597, el Gobernador de la Nueva Vizcaya, Diego Fernández de Velasco, entregó a Don Lorenzo García una Merced autorizada por la Corona del Rey Felipe II de España. A través de esta disposición, se le asignó una dotación de tierras junto con el permiso para plantar vides y elaborar vino, dando así formal nacimiento a la Hacienda de San Lorenzo. Al recibir la Merced, Don Lorenzo llevó a cabo la toma de posesión mediante los actos simbólicos propios de la época —desmontar del caballo, arrancar hierbas, beber del manantial y verter un poco de agua sobre la tierra—, dando testimonio de la aceptación del paraje que quedaba bajo su resguardo y dejando constancia de que, para entonces, ya había levantado su casa junto a su familia. Al par de años se enocntraban cerca de 60 personas trabajando el viñedo.

1598

Establecimiento del pueblo de Parras de la Fuente.

En este año quedó establecido lo que hoy es el pueblo de Parras de la Fuente, un asentamiento que aportó orden, permanencia y estructura a la región. Su fundación consolidó la vida agrícola del valle y dio marco al territorio donde se habían asignado las tierras a Don Lorenzo García, favoreciendo el desarrollo alrededor de la actividad vitivinícola.

1601

Testimonio del Obispo Alonso de la Mota y Escobar.

Ninguna restricción hizo efecto en la historia de la hacienda de San Lorenzo. Prueba fue que durante su visita al Valle de las Parras, el obispo Alonso de la Mota y Escobar dejó una descripción que se convirtió en una de las referencias más tempranas y claras sobre la calidad vitivinícola de la región. Su registro decía: “Es este valle muy acomodado para viñas, porque, además de las muchas cepas puestas a mano que en él se dan de uvas de Castilla, cargan de mucho fruto y racimo y vienen a madurar con tanta sazón y con tanto dulce y mosto, que se hace vino tan bueno, que se echa muy bien de ver que, si se hiciese con la curiosidad y cuidado debido, sería el vino tan bueno como el de España…”

Este testimonio confirma que, para inicios del siglo XVII, el Valle de las Parras ya era reconocido por su tierra fértil, sana y apta para el cultivo de la vid.

La propiedad cambió de manos, pero nunca de vocación

1604–1699

Durante el siglo XVII, la Hacienda de San Lorenzo cambio de propietarios en varias ocasiones. Este era un proceso común en aquella época. Sin embargo, entre escrituras de este periodo, aparecen referencias clave: el vino y el aguardiente formaban parte de las transacciones, incluso de los compromisos que la propiedad debía entregar a la Iglesia Católica, lo que demuestra que la producción estaba activa y estable, reflejándose en acuerdos formales.

1626

Bodegas de San Lorenzo.

El 10 de agosto de 1626 se celebró la apertura de las bodegas destinadas a la producción de vino. Ese día quedaron fundadas las bodegas vitivinícolas de la Hacienda de San Lorenzo, conocidas como las Bodegas de San Lorenzo.

1630

Cambio de propietarios y continuidad del legadovitivinícola.

Tras el fallecimiento de Don Lorenzo García en 1630, la Hacienda de San Lorenzo pasó por varias manos, quienes dieron continuidad a San Lorenzo como una hacienda vitivinícola destacada en la Nueva Vizcaya. El primer comprador fue Luis Hernández Escudero y su esposa Doña María de Cárdenas, quienes pagaron 20,000 pesos y establecieron una capellanía de 4,000 pesos sobre la propiedad. Diversos documentos de venta registrados describen la propiedad como una “hacienda de pan y vino”, con viñas, equipo necesario para hacer vino, trabajadores especializados y cosechas listas, confirmando la operación comercial de la hacienda y al vino como un recurso clave de sus transacciones.

Prohibiciones, permanencia y un valle presente en la historia de México

1699–1811

Este periodo estuvo marcado por decisiones que transformaron el rumbo del vino en la Nueva España. Aun así, en la Hacienda de San Lorenzo la tradición no se extinguió: mientras otras regiones quedaron limitadas por la prohibición, aquí la vid mantuvo su presencia gracias a la maniobra legal de Juan Oliden dueño de la Hacienda de San Lorenzo quien Y, en medio de este escenario, el valle también quedó ligado a momentos clave de la historia nacional.

1699

Reafirmación de la prohibición vitivinícola dela Corona Española.

Ese año, la Corona volvió a prohibir la plantación de nuevas viñas y la ampliación de las existentes en los territorios americanos, con el fin de proteger a los vinos peninsulares y reservarles el mercado del Nuevo Mundo. Esta política restrictiva se mantendría durante más de dos siglos, con matices en su aplicación según la región. Sin embargo, en la Hacienda de San Lorenzo la actividad vitivinícola no se detuvo: su dueño, Juan de Oliden, apeló ante los tribunales de la Nueva Vizcaya y ganó el juicio, hecho que da cuenta de la importancia de la Hacienda y del prestigio de sus vinos en el Virreinato. Por disposición de la autoridad virreinal, no debía obstaculizarse la producción de vino y aguardiente cuando cumplía funciones específicas, en particular las ligadas a la Iglesia. En ese contexto, San Lorenzo siguió elaborando vino —sobre todo para fines de consagración—, lo que permitió que la producción permaneciera activa incluso en medio de la prohibición. Así, mientras gran parte del territorio enfrentaba restricciones, la Hacienda de San Lorenzo sostuvo de manera ininterrumpida su vocación vitivinícola y preservó una tradición que, lejos de apagarse, encontró la forma de mantenerse viva a lo largo del tiempo.

1700 - 1800

Cambio de propietarios y continuidad de la Hacienda de San Lorenzo.

A lo largo del siglo XVIII, la hacienda pasó nuevamente por distintos propietarios, como ocurría con frecuencia en la época, dentro de ellos: Pedro Losada Barrientos,
Juan de Oliden, José de Miranda Villaysán, Bernardo Apolinar de Miranda, Juan
de Urroz y Garceson, Juan Lucas Lazaga, entre otros. Los documentos de compraventa y registros de operación siguen mencionando vino, aguardiente, vides y estructuras utilizadas para su elaboración.

1811

Una hacienda presente en la historia de México.

En los años en torno al inicio de la Independencia, la Hacienda de San Lorenzo aparece mencionada en documentos y referencias donde figuran personajes como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez. No se describe con detalle su paso por la propiedad, pero su presencia en los registros de la época muestra que la Hacienda de San Lorenzo formaba parte del entramado histórico del país, un territorio que, incluso en tiempos convulsos, seguía ligado a los acontecimientos que moldeaban a México.

Don Evaristo Madero Elizondo, el visionario que transformó el destino del Valle de Parras

1870–1885

Durante este periodo, el Valle de Parras entra en una etapa decisiva marcada por la llegada y visión de Don Evaristo Madero Elizondo, patriarca de la familia Madero y abuelo de Francisco I. Madero. Su formación, relaciones internacionales y mentalidad empresarial impulsaron una transformación profunda que conectó al valle con las grandes corrientes tecnológicas y vitivinícolas del mundo. Aquí comienza la etapa que daría forma al legado que hoy representa Casa Madero.

1870

La Fábrica Textil la Estrella y La Hacienda del Rosario.

En 1870 Don Evaristo Madero Eizondo, patriarca de la familia Madero, llega a Parras al adquirir la fábrica textil La Estrella y la empresa vitivinícola Hacienda del Rosario. Con esta compra la familia Madero inició su etapa vitivinicultora. Poco después fundó las Bodegas del Rosario. La llegada de Don Evaristo Madero marcó un antes y un después en la historia del Valle de Parras.

1880

Thomas AlvaEdision y la primera bombilla eléctrica de Latinoamérica en Parras.

El 16 de marzo de 1880 ocurrió en Parras uno de los hitos tecnológicos más sorprendentes del continente. En la Hacienda del Rosario, Thomas Alva Edison —recién patentado su invento— realizó una demostración privada en la que encendió una serie de bombillas eléctricas. La visita fue posible gracias a la cercanía y apoyo que Don Evaristo Madero brindó a las investigaciones del inventor estadounidense. Aquel encendido, registrado en la memoria histórica del Valle de Parras y asociado hoy al Estanque de la Luz, convirtió a Parras en el primer lugar de Latinoamérica en contar con iluminación eléctrica, adelantándose incluso a muchas capitales de la región. Fue un momento que sintetizó el espíritu visionario de Don Evaristo y el carácter pionero que marcaría el desarrollo de la región.

1883

Vinos de la Hacienda del Rosario.

Con la llegada del ferrocarril de Saltillo, los Madero habían profesionalizado la comercialización de los vinos de la Hacienda del Rosario, convirtiéndose en una casa vitivinícola reconocida en el país. Producían vinos de consagrar “certificados por el cura párroco de Parras”, lo que les permitió vender con éxito en todo el país. También elaboraban vino embotellado para exportarlo a Texas y se anunciaba de forma constante en la prensa nacional.

1885

Alexander Graham Bell y las primeras llamadas telefónicas de Latinoamérica.

Entre los años 1883 y 1885, y según las crónicas locales, también se habría realizado en Parras otro hito innovador, registrándose las primeras llamadas telefónicas de Latinoamérica, gracias a la amistad personal de Don Evaristo Madero con Alexander Graham Bell. La tradición señala que, durante demostraciones tempranas del invento, se instaló una línea telefónica provisional en Parras, permitiendo un primer intercambio de voz a distancia. Este episodio, junto con otros avances impulsados en la época, refleja cómo el valle —lejos de ser un enclave aislado— comenzaba a integrarse a las innovaciones que transformaban al mundo.

1888

El Valle de Parras al rescate de la Viticultura Europea.

Evaristo Madero fue el primer mexicano en importar a gran escala sarmientos de Europa y la alta California. En estos años, el proyecto vitivinícola del Valle de Parras dio un giro decisivo hacia la modernización y la expansión internacional. Europa se convirtió en referencia, la tecnología transformó la producción, y decisiones estratégicas —incluida la compra de la Hacienda de San Lorenzo y la posterior fusión con la Hacienda El Rosario— definieron la estructura que daría continuidad al legado.

La compañía francesa San Lorenzo Mexique adquirió la Hacienda de San Lorenzo. Su llegada respondía a una búsqueda urgente: encontrar raíces resistentes en el Nuevo Mundo que permitieran salvar las variedades europeas afectadas por la filoxera. Las vides del Valle de Parras —robustas, adaptadas al desierto y naturalmente resistentes— ofrecían justo lo que Europa necesitaba. Desde la Hacienda de San Lorenzo comenzaron a enviarse las primeras vides nativas del Valle de Parras hacia el Viejo Mundo, donde se utilizaron para servir de raíces o porta injertos, para sobre estas injertar las cepas tradicionales y así poder reconstruir viñedos enteros. Estos envíos convirtieron al valle en un actor decisivo para resolver uno de los mayores desafíos de la historia del vino. De Parras salieron raíces que ayudaron a preservar la viticultura europea; un legado técnico que pocos conocen, pero cuya magnitud sigue siendo innegable.

El salto internacional y la consolidación de un proyecto vitivinícola

18891913

A finales del siglo XIX, los viñedos europeos enfrentaron la peor crisis de su historia: la filoxera, un insecto diminuto capaz de destruir por completo las raíces de la vid. Francia, España, Italia, y prácticamente toda Europa, vieron desplomarse sus cosechas; millones de cepas murieron y la tradición vitivinícola del Viejo Mundo estuvo al borde del colapso. Mientras gobiernos, científicos y productores buscaban desesperadamente una solución, la atención se dirigió hacia el Nuevo Mundo, cuyas vides nativas mostraban una resistencia natural a la plaga que devastaba a la viticultura europea. En ese escenario, el Valle de Parras —remoto, discreto y adaptado al rigor del desierto— despertó un interés particular. Sus vides nativas, vigorosas y resilientes, ofrecían algo excepcional: raíces capaces de soportar la plaga de la filoxera. Esta fortaleza natural convertiría al valle, silenciosamente, en una pieza clave para el rescate de la viticultura de Europa.

1884–1889

Los primeros vinos mexicanos de gran calidad. París y la modernización técnica.

Desde 1884, Don Evaristo Madero ya contaba con sarmientos de gran calidad en Parras e incluso con un asesor francés experto en vitivinicultura. Pero fue a partir de 1887 cuando dio un paso sin precedente: solicitó a gran escala, por primera vez en México, variedades selectas provenientes de Europa y la Alta California, convirtiéndose en el primer productor mexicano en ofrecer en toda la República vinos de mesa cien por ciento mexicanos de gran calidad. El impulso definitivo llegó en 1889, cuando llevó sus vinos a la Exposición Universal de París. Aquel viaje abrió la puerta a una modernización profunda: regresó con herramientas de vitivinicultura de última generación, roble Limousin para fabricar cubas y pipas, y tres alambiques Charentais Endrivet Fils —idénticos a los utilizados para los grandes coñacs franceses—. Estas piezas, hoy conservadas en la Hacienda de San Lorenzo, marcaron el inicio de una etapa técnica distinta, en la que el saber hacer europeo comenzó a integrarse de manera definitiva a la tradición centenaria del Valle de Parras.

1893

Don Evaristo Madero Elizondo y el primer vino de calidad en México. Adquiere la Hacienda de San Lorenzo.

En abril de 1893, Don Evaristo Madero regresó a Europa, esta vez para adquirir la compañía San Lorenzo–Mexique y, con ella, la Hacienda de San Lorenzo. Una operación de tal magnitud que, según se decía entonces, habría bastado para comprar un “château” francés de renombre, pero que se destinó a fortalecer el desarrollo vitivinícola de Parras y de México. La propiedad fue descrita entonces como un conjunto completo y autosuficiente de “aguas, ranchos, tierras de labor, agostaderos, mejoras, la bodega de vinos, los viñedos y el edificio vinícola de San Lorenzo”.

1906

La fusión de dos casas vitivinícolas centenarias:la Hacienda El Rosario y la Hacienda de San Lorenzo.

En los primeros años del siglo XX, las operaciones de ambas haciendas se unificaron bajo un solo nombre: Bodegas de San Lorenzo. La fusión integró terrenos, derechos de agua, infraestructura, viñedos y décadas de experiencia acumulada, permitiendo que el trabajo iniciado por Don Evaristo avanzara bajo una sola casa. El resultado fue la primera vitivinícola con distribución nacional de vinos de mesa de gran calidad —elaborados con sarmientos importados de Europa y la Alta California—, que apostó por una estrategia de mercadotecnia pionera en el Porfiriato: grandes planas en los principales periódicos del país que, por primera vez, presentaban cada uno de sus vinos a través de dibujos sumamente elaborados, convirtiendo el anuncio en una pieza visual tan cuidada como las propias etiquetas de sus botellas. Esta apuesta moderna les valió a los vinos de los Madero reconocimientos internacionales en París y los Estados Unidos desde los inicios del siglo XX.

1910 - 1913

Los Madero, Bodegas de San Lorenzo, vino y Revolución.

Esos mismos periódicos que difundían los vinos de los Madero llegaban a una clase media que el Porfiriato había creado por primera vez en México: una sociedad que se vestía a la moda francesa, que reconocía a los Madero y su casa vinícola como la más importante del país y que, página a página, también leía sobre los ideales democráticos que comenzaban a circular con creciente urgencia.  Para 1908, esas ideas ya no cabían solo en el papel: Francisco I. Madero, nieto mayor de Don Evaristo, publicó La Sucesión Presidencial en 1910, obra que se convirtió en el manifiesto de esa clase media hastiada de treinta años del yugo dictatorial. La gira democrática que emprendió a lo largo del país entre 1909 y 1910 fue recibida con un entusiasmo que Díaz no supo leer a tiempo. En 1911 Madero llegó a la presidencia, pero el país que heredó era ya demasiado volátil: en 1913 fue traicionado y asesinado en el golpe de Estado conocido como la Decena Trágica, arrastrando a México a los años más cruentos de la Revolución. Con los hombres de la familia forzados al exilio o en medio del torbellino político, fueron las mujeres quienes mantuvieron en pie la hacienda: encabezadas por Bárbara Madero Farías, hija de Don Evaristo, quien tomó la batuta de las Bodegas de San Lorenzo y la administraron con firmeza, preservando lo que tres generaciones habían construido. La misma familia que había modernizado el vino mexicano vio cómo la historia la colocaba en el centro de la transformación más profunda del siglo, sin abandonar jamás la tierra y la hacienda que lo había hecho posible.

La modernización y la continuidad familiar de la Hacienda de San Lorenzo

1940–1970

Tras décadas de transiciones después de la Revolución, la antigua Hacienda de San Lorenzo entró en una etapa decisiva. La modernización del país, los cambios sociales y la reorganización de las empresas familiares dieron paso al nacimiento formal de Casa Madero como institución moderna. Poco después, la marca alcanzaría un lugar inesperado: el centro mismo de la cultura popular mexicana, proyectándose a nivel nacional a través de la música y la radio.

1946

El nacimiento formal de Casa Madero.

La consolidación de Casa Madero ocurrió en mayo de 1946, cuando se liquidó la sociedad Ernesto Madero y Hermanos. En este proceso se integraron las maquinarias, enseres y existencias de vino de las históricas Bodegas de San Lorenzo, así como sus créditos, derechos y marcas vinícolas. Así nació jurídicamente la empresa Casa Madero moderna, heredera directa de un linaje iniciado en 1597.

1947

Casa Madero entra a la cultura nacional con el programa de radio: “Así es mi tierra”

En 1947, Casa Madero dio un paso visionario: comenzó a apoyar el programa de radio “Así es mi tierra”, transmitido inicialmente por la XEQ. Muy pronto se convirtió en un fenómeno cultural. Por ese escenario desfilaron figuras que definieron la música mexicana: Pedro Infante (artista exclusivo en 1954), Alfonso Esparza Oteo, Juan Arvizu, Alfonso Ortiz Tirado, Agustín Lara y la orquesta de Juan García Esquivel. Con compositores como Tata Nacho, Curiel, Grever y Domínguez, el programa celebró la identidad musical del país y llegó a la XEW y posteriormente a la televisión. Esto fue fundamental para consolidar a Casa Madero no solo como vinícola, sino como un referente cultural de México.

1955

Feria Internacional de la Viña y el Vino.

En el otoño de 1955, Casa Madero alcanzó uno de los reconocimientos más importantes de su historia en la VII Feria Internacional de la Viña y el Vino de Montpellier, Francia, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo.

  • Medallas de Oro para Evaristo I, Madero XXXXX, Mistela de Moscatel y Blanco Fino Demi-Sec.
  • Medalla de Vermeil para el Clarete Rubí.
  • Plata y diploma para Sagarnac.

Este triunfo colocó a Casa Madero en la conversación internacional, demostrando que la tradición vitivinícola de Parras podía competir —y ganar— en el escenario más exigente del mundo.

1950–1965

El auge del Brandy y la consolidación nacional

Durante estas décadas, el consumo de brandy en México vivió un periodo de esplendor, y Casa Madero se convirtió en uno de los protagonistas indiscutibles del mercado. Sus destilados lograron posicionarse como favoritos del público gracias a su calidad y estilo inconfundible.

Casa Madero entraba así a la segunda mitad del siglo XX con fuerza, reputación nacional y una base sólida para los procesos de modernización que vendrían después.

De la transformación a la consolidación internacional

1974–Actualidad

La llegada de Don José Milmo Garza, bisnieto de Don Evaristo Madero Elizondo, a la dirección de Casa Madero marcó el inicio de una nueva etapa para la empresa. Apasionado del vino y con una visión técnica de largo plazo, impulsó los cambios necesarios para transformar a Casa Madero de una compañía centrada principalmente en la producción de brandy a una enfocada en la elaboración de vinos de alta calidad.

A partir de entonces, y bajo el liderazgo de la quinta generación de la familia Madero, la bodega continuó un proceso constante de modernización en viticultura, enología e imagen de marca. Este periodo consolidó la transición entre la tradición centenaria de Casa Madero y la innovación que hoy la posiciona como una de las bodegas más reconocidas de América Latina.


Actualmente, los vinos de Casa Madero tienen presencia en mercados nacionales e internacionales, incluyendo Estados Unidos, España, Francia, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Corea del Sur, llevando más de cuatro siglos de historia y tradición vinícola mexicana a consumidores de distintas partes del mundo.

2007

Se presenta Casa Madero 3V, un vino creado para lasalturas.

En 2007 se presentó la primera cosecha de Casa Madero 3V, un vino tinto mexicano creado originalmente como marca privada para una importante aerolínea nacional. Durante sus primeros años, fue servido exclusivamente en vuelos de clase ejecutiva, donde destacó por su calidad, personalidad y propuesta innovadora. Gracias a la gran aceptación de los pasajeros y consumidores, Casa Madero 3V evolucionó hasta convertirse en uno de los vinos más emblemáticos de la bodega y en una referencia dentro de la categoría de vinos mexicanos contemporáneos. Su perfil versátil y equilibrado lo ha convertido en un favorito para acompañar la gastronomía mexicana y celebrar momentos especiales. Casa Madero 3V es un vino Reserva con 12 meses de crianza en barrica, elaborado a partir de un ensamble de tres variedades de uva: Cabernet Sauvignon, Merlot y Tempranillo. Hoy, Casa Madero 3V es uno de los vinos tintos más reconocidos de México y una de las etiquetas más representativas del portafolio de Casa Madero.

2009

Nacen Casa Madero 2V y V Rosado

Tras el éxito de Casa Madero 3V, en 2009 la familia V creció con el lanzamiento de dos nuevas etiquetas: Casa Madero 2V y Casa Madero V Rosado, ampliando la propuesta de vinos contemporáneos de la bodega para diferentes ocasiones de consumo. Casa Madero 2V es un vino blanco mexicano elaborado a partir de un ensamble de dos variedades de uva: Chardonnay y Chenin Blanc. Su perfil fresco, aromático y equilibrado lo convirtió rápidamente en una de las opciones preferidas para acompañar una amplia variedad de platillos y momentos de convivencia. Por su parte, Casa Madero V Rosado nació como una propuesta innovadora dentro de la categoría de vinos rosados mexicanos. En sus primeras cosechas fue elaborado con uva Cabernet Sauvignon, destacando por su frescura, intensidad aromática y versatilidad gastronómica. Con el paso de los años, la etiqueta evolucionó hacia una expresión elaborada con uva Shiraz, manteniendo el estilo fresco, vibrante y contemporáneo que la caracteriza hasta el día de hoy. Con el respaldo de la calidad y tradición de Casa Madero, ambas etiquetas lograron consolidarse como referentes de sus categorías y formar parte de los vinos favoritos de los consumidores mexicanos.

2012

El primer viñedo orgánico certificado de México

Impulsada por su compromiso con la sostenibilidad y el respeto por el entorno, Casa Madero marcó un nuevo hito para la industria vitivinícola nacional al certificar el primer viñedo orgánico de México.

Este logro fue resultado de años de trabajo enfocados en el cuidado del suelo, el equilibrio natural del ecosistema y el respeto por los ciclos de la vid, sentando las bases para una agricultura más sostenible dentro de la viticultura mexicana.

2016

Renovación de marca

Casa Madero renovó por completo su identidad visual, inspirándose en los títulos de propiedad originales de la Hacienda de San Lorenzo, documentos históricos que datan de 1597 y que aún se conservan resguardados por la familia.

Las nuevas etiquetas incorporaron fragmentos de estos documentos sobre texturas inspiradas en los muros históricos de la hacienda, reflejando el equilibrio entre tradición, autenticidad y visión de futuro que distingue a la bodega.

2020

La vinícola mexicana más premiada

Hoy, Casa Madero continúa construyendo sobre más de cuatro siglos de historia, manteniendo vivo el espíritu pionero que ha definido a la bodega desde 1597. La bodega se ha consolidado como la vinícola mexicana más premiada, con más de 1,400 medallas internacionales obtenidas en certámenes celebrados en más de 20 países.

A lo largo de los años, sus vinos han sido reconocidos en algunos de los concursos más prestigiosos del mundo, entre ellos Decanter World Wine Awards e International Wine Challenge en Reino Unido, Concours Mondial de Bruxelles en Bélgica, Mundus Vini en Alemania y Citadelles du Vin en Francia, entre muchos otros.

Estos reconocimientos reflejan un compromiso permanente con la calidad, la innovación y la excelencia, contribuyendo además al posicionamiento de México como una región productora de vinos de clase mundial.

Hoy, Casa Madero representa el equilibrio entre legado y evolución: una bodega que honra su historia mientras continúa escribiendo nuevos capítulos para el vino mexicano.